Las rupturas matrimoniales, las separaciones y los divorcios están a la orden del día y es cada vez más habitual escuchar hablar de hijos con padres separados. Aunque este aspecto varía de unos años a otros, los datos hablan por sí solos y sabemos que durante el año 2018 el número de separaciones y divorcios, en el estado español, según el INE, fueron alrededor de 29000 solo en el primer trimestre del mismo año (entre enero y marzo), mientras que en el actual 2019 entre enero y marzo este dato ascendió a casi 30000 rupturas matrimoniales. Este dato es de suma importancia, si tenemos en cuenta que muchos de estos matrimonios tenían descendencia y que, por lo tanto, los niños sufrirán también a causa de este proceso. Es por ello, que será de vital importancia la manera en como los progenitores gestionan la separación y su posterior relación como padres de esos niños.

Cuando se dan separaciones y/o divorcios, para todos los componentes de la familia puede ocasionar un trauma ya que es un gran cambio al que todos deberán adaptarse. No obstante, esta adaptación será mucho más fácil y llevadera para todos si la separación se realiza de la manera más positiva posible y con una comunicación asertiva entre los progenitores. En cambio, si la relación entre los padres no es buena, y se da una “guerra abierta”, la comunicación se realiza de una forma agresiva o no hay ningún tipo de contacto entre ellos, y esto puede ocasionar que este trauma se alargue, así como la adaptación de los niños a la nueva situación familiar puede quedar enquistada y provocar dificultades a nivel emocional e instigar que dichas dificultades se generalicen a todos los ámbitos de su vida.

Cuando la relación entre los progenitores tiene como sentimiento central la rabia o la ira, la comunicación muy posiblemente sea agresiva. Es decir, los reproches, los comentarios negativos o los ataques personales serán el eje central en sus contactos. Igualmente a como ocurre cuando la herida por la separación aún no ha sanado y uno de los progenitores –o ambos- han decidido mantener distancia entre ellos y esto lleva a no tener una comunicación fluida entre ellos. Ambas situaciones pueden dañar a los hijos y, ello, conlleva a producirles un malestar significativo en su vida, sumado al cambio dado por la separación se da –además- un conflicto abierto entre los progenitores, dos figuras de suma importancia en la vida de los niños.

Si lo que queremos es favorecer el bienestar de nuestros hijos después de esta separación, esta ruptura, no puede ser la pieza central del puzle, es decir, ante todo lo primordial son los hijos y, por lo tanto, los aspectos que a ellos les rodea. Es por ello, que aunque no sea necesario que haya una amistad entre los padres, se sabe que lo principal será que se produzca una comunicación efectiva, asertiva entre ambos y sobretodo cuanto a los temas que conciernen a los hijos en común.

A continuación, os proporcionamos algunos consejos que os podrán ayudar si os encontráis ante una situación de separación y que beneficiarán a vuestros hijos si lo ponéis en práctica:

  1. Evitar hacer comentarios negativos acerca del otro progenitor: aunque nos hayamos separado, el otro progenitor no deja de ser una figura importante, de vínculo con nuestro hijo, es por ello que hablar mal de su padre/madre le hace daño y puede provocar un conflicto interno en nuestro hijo
  2. No discutir ante los niños: esta situación es muy desagradable para los niños y pueden sentirse culpables por las discusiones ya que, habitualmente, los desacuerdos se dan por temas que conciernen a los hijos. También es importante evitar discutir por teléfono ante la presencia de los hijos ya que, aunque no lo parezca, también se dan cuenta de la situación.
  3. Acordar rutinas y normas: es importante que los niños tengan el mayor parecido posible en cuanto a rutinas, normas y horarios ya que les facilitará mucho la adaptación a  la nueva situación. Esto, será más fácil si se da una comunicación y acuerdo entre los progenitores.
  4. No coaccionar a los hijos: los celos y la rivalidad con la ex pareja, a veces, pueden ocasionar que hagamos chantaje emocional a nuestros hijos y, esto, solamente consigue que ellos se alejen del progenitor que se comporta así. Hay que tener en cuenta que, aunque con nuestra expareja (y también padre o madre de nuestros hijos) ellos estén bien, contentos y felices, eso no significa que con nosotros no lo sean; lo más sano es que los hijos sean felices y vayan contentos con ambos progenitores, sino, seguramente algo no está yendo todo lo bien que podría.
  5. Prohibir que vean a su padre/madre: es un derecho fundamental de los niños el poder ver a ambos de sus progenitores. El hecho de prohibir que nuestros hijos vean a uno de sus padres, o bien, que puedan disfrutar algunas actividades con ellos, no hace más que dañar a nuestros hijos, así como la relación que nosotros tenemos con ellos.
  6. Añadir nuevas personas: ser cauteloso y precavido a la hora de “añadir” a una nueva pareja en la vida de nuestros hijos, realizando una integración armoniosa y muy progresiva para que los menores puedan ir haciéndose a la idea poco a poco de la nueva situación.